GUERRA MODERNA: Ciberataques y campañas de desinformación
Un análisis a fondo de especialistas del rubro informático que hablan de la “ciberguerra”.
El ultimátum de Estados Unidos a Irán por la reapertura del Estrecho de Ormuz reavivó la preocupación por una nueva escalada de tensiones internacionales en un contexto donde los conflictos ya no se desarrollan exclusivamente mediante acciones militares tradicionales, indica un informe referido a la “ciberguerra”.
La combinación de ciberguerra, desinformación y presión sobre infraestructuras críticas forma parte de una estrategia cada vez más utilizada por los Estados para obtener ventajas geopolíticas, con impacto directo en la economía global, la estabilidad política y la seguridad digital, afirman estudiosos del rubro informático.
Conflictos híbridos: una dinámica en expansión
La situación actual en el Estrecho de Ormuz volvió a poner en agenda un fenómeno que se viene señalando desde hace años: la transformación de los conflictos internacionales en escenarios híbridos, donde la tecnología cumple un rol cada vez más determinante.
El control de rutas energéticas estratégicas, la influencia sobre la opinión pública a través de campañas de desinformación y los ataques a infraestructuras críticas forman parte de una dinámica que redefine el concepto tradicional de guerra.
En los últimos años, distintos episodios internacionales evidenciaron el crecimiento de estrategias que combinan presión económica, operaciones digitales y acciones militares convencionales.
El concepto de “zona gris” describe estas situaciones en las que los Estados buscan influir sobre otros países sin llegar a una declaración formal de guerra, utilizando diferentes herramientas.
Se atacan infraestructuras críticas, se llevan a cabo operaciones de desinformación en redes sociales, espionaje digital, interferencias en sistemas de navegación o comunicaciones, manipulación de mercados estratégicos y campañas de influencia política.
Este tipo de acciones permite generar impacto económico y social con menor exposición que la que produce un conflicto bélico tradicional.
Infraestructuras críticas bajo presión
Sectores como energía, petróleo, transporte, telecomunicaciones y servicios financieros forman parte de un ecosistema cada vez más interconectado y dependiente de la tecnología.
El Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del comercio mundial de petróleo, representa un ejemplo de cómo un punto geográfico estratégico también puede convertirse en un nodo crítico desde el punto de vista digital.
La posibilidad de ataques informáticos dirigidos a sistemas de logística, producción o distribución energética incrementa la preocupación sobre la resiliencia de las economías frente a incidentes tecnológicos.
Desinformación y percepción pública
Otro componente central de los conflictos actuales es la circulación de información falsa o manipulada, que puede amplificar tensiones políticas o generar incertidumbre económica.
Las campañas de desinformación permiten influir en la percepción pública, alterar debates democráticos y condicionar decisiones de gobiernos o empresas.
La velocidad de circulación de contenidos en plataformas digitales potencia el impacto de este tipo de estrategias, que pueden ser utilizadas tanto por Estados como por actores no estatales.
Impacto en empresas y organizaciones
El escenario internacional plantea nuevos desafíos para organizaciones públicas y privadas, que deben prepararse para operar en contextos de mayor volatilidad e incertidumbre.
Los riesgos asociados a conflictos híbridos incluyen: interrupción de operaciones, filtración de información sensible, ataques a la cadena de suministro, daños reputacionales y manipulación de datos estratégicos, alertan los expertos en ciberseguridad.
Los conflictos actuales demuestran que la seguridad ya no puede abordarse únicamente desde una perspectiva técnica, sino que requiere una mirada integral que contemple variables geopolíticas, tecnológicas y económicas.
“La creciente digitalización de infraestructuras críticas amplía la superficie de exposición frente a amenazas que no reconocen fronteras físicas. Hoy la estabilidad de los países también depende de su capacidad de anticipar riesgos tecnológicos y gestionar escenarios de incertidumbre”, señala Gabriel Zurdo, CEO de BTR Consulting.
El consultor amplió -en un informe enviado a la Agencia Noticias Argentinas que “en un contexto donde la frontera entre guerra, economía y tecnología es cada vez más difusa, la capacidad de anticipar riesgos y fortalecer la resiliencia digital se vuelve un factor cada vez más relevante para gobiernos, empresas y sociedades”.
